Enemigos del asociacionismo vecinal

Escrito por el 30 de diciembre de 2025

¿Por qué el movimiento vecinal es necesario y por qué hoy está siendo atacado?

En San Cristóbal de La Laguna, el movimiento asociativo vecinal atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia. Desde hace tiempo venimos sufriendo una clara presión política orientada a debilitar, cuando no a hacer desaparecer, a las asociaciones vecinales. El argumento que se repite desde algunos sectores es que “siempre están los mismos”.

Es cierto que, en muchos casos, las personas que permanecen activas son las mismas desde hace años. Pero esto no ocurre por casualidad ni por falta de compromiso ciudadano. Ocurre porque durante décadas la clase política se ha entrometido en las asociaciones, utilizándolas y manipulándolas con fines partidistas. Esta forma de actuar ha generado desconfianza y ha alejado a muchas personas de la participación colectiva.

No podemos olvidar prácticas del pasado —y no tan lejano— en las que determinados cargos políticos favorecieron a directivos de asociaciones y a sus familiares con trabajos en empresas que prestaban servicios al Ayuntamiento. Hechos muy criticados por la ciudadanía y que han terminado dañando la imagen de todo el movimiento vecinal. Por culpa de unos pocos casos de corrupción, hoy pagan justos por pecadores.

A esto se suma el abandono institucional. Las asociaciones vecinales continúan desatendidas por el Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna. Las subvenciones se siguen repartiendo de manera discrecional, mientras que las convocatorias públicas, que son obligatorias, no se convocan o se retrasan de forma injustificada. El último año en que fueron convocadas y abonadas correctamente fue 2021. Esta situación asfixia a muchas entidades y contribuye al debilitamiento del movimiento ciudadano.

Es cierto que algunas asociaciones se han acostumbrado a realizar actividades únicamente cuando hay subvenciones, permaneciendo inactivas cuando estas faltan. Pero también existe un pequeño y valioso porcentaje de asociaciones que permanece activo día tras día, sin descanso y sin interés económico, reclamando mejoras para sus pueblos y barrios, trabajando por una planificación urbanística justa, defendiendo el Reglamento de Participación Ciudadana, haciendo seguimiento de los plenos municipales e interviniendo en ellos para proteger el interés general desde una posición independiente y no partidista.

Aquí es donde conviene explicar, de manera clara y sencilla, qué representa realmente el asociacionismo vecinal.

El asociacionismo no es un estorbo ni un problema para la política. Es una de las formas más básicas y sanas de participación democrática. Son vecinos y vecinas que, de manera voluntaria, se organizan para mejorar el lugar donde viven. Personas que dedican su tiempo libre a defender derechos colectivos sin recibir nada a cambio.

Las asociaciones vecinales sirven para dar voz a quienes no la tienen de forma individual. Un vecino solo difícilmente puede enfrentarse al abandono de su barrio, a decisiones urbanísticas injustas o a la falta de servicios básicos. Pero cuando esa voz se une a otras, se convierte en una herramienta legítima para defender el bien común.

Además, el movimiento vecinal cumple una función de vigilancia democrática. Pregunta, informa, propone, fiscaliza y recuerda a las instituciones que están al servicio de la ciudadanía. No para molestar, sino para garantizar transparencia, participación y una mejor gestión pública. Esa labor crítica no debería verse como una amenaza, sino como una garantía democrática.

El asociacionismo también construye comunidad. Fomenta la convivencia, el apoyo mutuo y el sentimiento de pertenencia. Donde hay asociaciones vivas, hay barrios más cohesionados, más informados y más conscientes de sus derechos y deberes.

Sin embargo, esta labor es precisamente la que incomoda a parte de la clase política. En lugar de reconocerla y fortalecerla, se intenta silenciarla. Se señala a “los de siempre” para desacreditar a quienes no se callan, a quienes no se pliegan a intereses partidistas y a quienes defienden el interés general.

Y es precisamente a estas asociaciones independientes, críticas y comprometidas a las que algunos quieren exterminar para que no molesten. Pero cuando se debilita el movimiento vecinal no pierde solo la asociación: pierde toda la ciudadanía. Porque sin organización colectiva, la participación se reduce a votar cada cuatro años y la democracia local se empobrece.

Defender el asociacionismo vecinal no es defender privilegios ni intereses particulares. Es defender el derecho de la ciudadanía a participar, opinar y decidir sobre su entorno. El asociacionismo vecinal no estorba: fortalece la democracia.


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