El derecho que se desvanece en el ruido del desencanto
Escrito por OndaAguere el 12 de septiembre de 2025
En San Cristóbal de La Laguna, como en muchos otros lugares, la participación ciudadana atraviesa una crisis profunda. Pese a contar con un Reglamento de Participación Ciudadana, el sentimiento generalizado entre vecinos y colectivos es de impotencia, dejadez institucional y un progresivo distanciamiento de los cauces democráticos de intervención en la vida pública.
Vivimos en una era donde lo tenemos (casi) todo al alcance de un clic, pero donde paradójicamente nos sentimos cada vez más lejos de los espacios reales de decisión. La participación se ha convertido en una palabra bonita para los discursos, pero huérfana de acciones concretas. Las promesas de abrir foros, consultas y procesos participativos quedan, muchas veces, en el aire.
El Reglamento de Participación Ciudadana de nuestro municipio no es un mero adorno legal. Es una herramienta legítima que garantiza que la ciudadanía pueda implicarse en los asuntos comunes. Sin embargo, la falta de voluntad institucional y la costumbre del silencio administrativo frente a escritos, quejas o propuestas enviadas a nuestros representantes, ha ido generando una atmósfera de resignación y escepticismo.
La cultura del “que lo hagan otros”. La estructura social también ha cambiado. El tiempo libre es escaso, la precariedad laboral aumenta, y la salud mental se ve afectada por un estrés constante. Queremos soluciones, pero no siempre estamos dispuestos —o capacitados— para implicarnos. El modelo familiar ha mutado, las redes de apoyo se han debilitado, y la vida comunitaria se ve desplazada por el individualismo y la hiperconectividad digital que, en realidad, nos desconecta de lo cercano.
Asociaciones que resisten sin recursos ni respaldo, en este contexto, las asociaciones vecinales y comunitarias siguen en pie. Con muchas dificultades económicas, falta de apoyo real y una comunidad que a menudo no responde. Son entidades que creen en el trabajo colectivo, pero que se ven desbordadas y solas. Lo más duro es que, incluso entre vecinos, surgen envidias, tensiones y luchas pequeñas que nos fragmentan aún más.
¿Qué futuro queremos para la participación ciudadana? La participación no puede ser un privilegio ni una carga para unos pocos. Es un derecho y una responsabilidad colectiva. Si las administraciones no cumplen con su parte, si no se dota de infraestructuras, si no se escucha ni se responde, el tejido comunitario se deteriora. Pero también debemos preguntarnos: ¿estamos dispuestos, como ciudadanía, a luchar por mantenerlo vivo?
No se puede gobernar de espaldas a la ciudadanía, es momento de ser claros: no se puede seguir gobernando de espaldas a la ciudadanía. Las normas están ahí, los compromisos están escritos, pero no se traducen en acciones reales. Los colectivos ciudadanos no pueden seguir siendo meros espectadores, ni las instituciones pueden permitirse ser sordas a las voces que insisten, reclaman y proponen desde hace años.
Por eso, hacemos un llamado directo a los responsables políticos de San Cristóbal de La Laguna:
Cumplan con el Reglamento de Participación Ciudadana.
Respeten y atiendan las iniciativas que se presentan desde los Pueblos y Barrios a través de las asociaciones.
Faciliten los medios, espacios y recursos para que la participación no sea solo un derecho en el papel, sino una práctica cotidiana y efectiva.
Devuelvan la confianza a la ciudadanía con hechos, no con discursos.
Escuchen, respondan, dialoguen.
Y a la ciudadanía: sigamos exigiendo, pero también cuidándonos entre nosotros. Porque solo reconstruyendo lo comunitario podremos abrir de nuevo las puertas de una participación real, inclusiva y transformadora.
El derecho a participar no se mendiga. Se ejerce. Y se defiende.